viernes, 21 de febrero de 2014

Pablo VI más cerca de la beatificación: los teólogos aprueban el presunto milagro

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Presentamos esta noticia sobre la causa de beatificación del Papa Pablo VI, más cerca de su feliz conclusión, luego del reconocimiento del milagro atribuido a la intercesión del pontífice por parte de la comisión teológica.

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La consulta de los peritos teólogos de la Congregación para las Causas de los Santos, al comienzo de esta semana, ha aprobado por unanimidad un milagro atribuido a la intercesión de Giovanni Battista Montini, Papa Pablo VI. Ahora la curación, ya juzgada “inexplicable” por la consulta médica guiada por el profesor Patrizio Polisca, deberá ser examinada por los cardenales y obispos del dicasterio, antes de la aprobación final del Papa Francisco. Si, como confirman a Vatican Insider autorizadas fuentes de la Congregación para las Causas de los Santos, estas últimas etapas tienen lugar en tiempos breves, se puede fácilmente prever en los próximos meses la beatificación de Montini.


El postulador de la causa, padre Antonio Marrazzo, había elegido desde hace tiempo, entre los que había recibido, un caso de curación que resultó “inexplicable” a los primeros exámenes clínicos. El 20 de diciembre de 2012, ya en vísperas de su histórica renuncia, Benedicto XVI proclamaba la “heroicidad de las virtudes” de Pablo VI, cerrándose así el proceso canónico. Para la beatificación se necesitaba sólo el reconocimiento de un milagro.


El presunto milagro que Marrazzo había presentado a la consulta concierne a la curación de un niño aún no nacido, que tuvo lugar en los primeros años de los ’90 en California. Durante el embarazo, los médicos habían encontrado un grave problema en el feto y, en razón de las consecuencias cerebrales que intervienen en estos casos, habían sugerido como único remedido a la joven madre el del aborto. La mujer se opuso, queriendo llevar a término el embarazo, a pesar de que se le aseguró que el hijo nacería gravemente afectado en lo físico y a nivel cerebral, y se confió a la intercesión de Pablo VI, el Papa que en 1968 escribió la encíclica Humanae Vitae.


El niño nació sin problemas: se ha esperado que llegase a la adolescencia para constatar la ausencia de consecuencias y la perfecta sanación. Se trata, había dicho Marrazzo en el 2012 a Radio Vaticana, de “un acontecimiento realmente extraordinario y sobrenatural, que tuvo lugar por intercesión de Pablo VI”. Una curación, continuaba el postulador de la causa, “en línea con el magisterio” del Papa que escribió la Humanae Vitae, un milagro vinculado a la “defensa de la vida, expresada en la encíclica, pero también en defensa de la familia, porque aquel documento habla del amor conyugal, no sólo de la vida naciente. Esta curación es lógica en la línea de Montini”.


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Fuente:
Vatican Insider


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 24 de enero de 2014

Cardenales contra cardenales y muchas ideas erróneas sobre la familia

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En medio de las polémicas que, en vistas al próximo Sínodo sobre la Familia, se han desatado sobre todo respecto a la cuestión de la recepción de la Comunión por parte de los divorciados en nueva unión, presentamos nuestra traducción de un lúcido artículo sobre el tema, publicado en La nuova Bussola quotidiana, en el cual se analiza con precisión la cuestión, afrontando también la polémica provocada por el Cardenal Rodríguez Maradiaga al contestar irónicamente, en una entrevista, las posturas expresadas por el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

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No ha bastado la concesión de la púrpura, signo de la confianza que el Papa Francisco deposita en él: el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Müller, continúa siendo objeto de ataques por parte de sus hermanos por haber recordado que no hay ningún problema pastoral por ser resuelto que pueda poner en discusión la indisolubilidad del matrimonio.


El último en enfrentarse con Müller ha sido el cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa (Honduras) y coordinador del grupo de los 8 cardenales querido por el Papa para ayudarlo en el proyecto de reforma de la Curia. En una larga entrevista al periódico alemán Koelner Stadt-Anzeiger se dirige al neo-cardenal Müller incluso en un tono un poco sarcástico: “Creo entenderlo – dice Maradiaga -. Es un alemán, debe decirse, y sobre todo un profesor de teología alemán, en su mentalidad está sólo lo que es verdadero y lo que es falso. Sin embargo, yo digo: hermano mío, el mundo no es así, tu deberías ser un poco más flexible, cuando escuches otras voces. Y, por tanto, no sólo escuchar y decir no”.


El tema, como siempre desde hace un tiempo, es el de la comunión a los divorciados en nueva unión, pero también el de todas las situaciones familiares irregulares que hoy plantean a la Iglesia un desafío, como dice Maradiaga. Pero es bueno recordar que Müller nunca ha negado la necesidad de responder a los desafíos pastorales, simplemente ha aclarado que – siendo la Iglesia de Dios – no pueden ser los hombres quienes cambien lo que ha sido revelado. Y lo ha hecho por la necesidad de contrastar la “fuga in avanti” de los obispos alemanes, decididos a cambiar la doctrina en la materia previendo la posibilidad de comunión para los divorciados en nueva unión.


En la entrevista, Maradiaga se pone a mitad de camino entre Müller y el episcopado alemán (con el cardenal Reinhard Marx a la cabeza, otro del grupo de los 8). De hecho, dice Maradiaga hablando de la comunión a los divorciados en nueva unión: “La Iglesia está sujeta a los mandamientos de Dios” y a lo que Jesús “dice sobre el matrimonio: lo que Dios ha unido, el hombre no debe separarlo. Sin embargo, hay diversos acercamientos para aclarar esto. Después del fracaso de un matrimonio nos podemos preguntar, por ejemplo: ¿los esposos estaban realmente unidos en Dios? Allí hay todavía mucho espacio para un examen más profundo. Sin embargo, no se debe ir en una dirección según la cual mañana sea blanco lo que hoy es negro”.


Y todavía, refiriéndose a las muchas situaciones “irregulares” (separaciones, familias extendidas, matrimonios sin hijos, alquiler de vientres), afirma: “Todo esto requiere respuestas para el mundo de hoy y no basta decir: para esto tenemos la doctrina tradicional. Obviamente la doctrina tradicional será mantenida”, pero hay “desafíos pastorales” propios de estos tiempos a los cuales no se puede responder “con el autoritarismo y el moralismo” porque esto no es nueva evangelización.


Las afirmaciones del cardenal Maradiaga ofrecen, no obstante, la ocasión de hacer algunas reflexiones sobre este tema, dado que es de extrema actualidad.


En primer lugar, la reiterada proposición de frases y conceptos que suenan bien pero que, al fin y al cabo, no se sabe exactamente qué quieren decir. Por ejemplo, por una parte Maradiaga afirma claramente que la doctrina no se cambia pero, al mismo tiempo, invita a Müller – que, de hecho, había dicho lo mismo – a ser más flexible. ¿Qué quiere decir? Visto que se habla de comunión para los divorciados en nueva unión hay sólo dos posibilidades: o se da, o no se da. “Se da en ciertas condiciones” – como dicen los obispos alemanes - no es una tercera opción, es todavía la primera. El coordinador del grupo de los 8, ¿de qué lado quiere estar?


Otro ejemplo: dice Maradiaga que, después del fracaso de un matrimonio, debemos preguntarnos si los esposos estaban realmente unidos en Dios. Correcto, ¿pero no es exactamente esto lo que ya hace la Rota Romana? Entonces, tal vez sea preciso explicar mejor a dónde se quiere llegar.


Y es aquí que el problema debe ser afrontado en su raíz: de matrimonios celebrados con escasa o nula conciencia del valor del sacramento, de hecho, hay muchos, demasiados. Era esta conciencia que había impulsado a Benedicto XVI a pedir una profundización de la cuestión. En otras palabras, el caso de los divorciados en nueva unión no se afronta partiendo de la “comunión sí, comunión no”, sino de la verificación de las condiciones que hacen válido un matrimonio. Se trata, obviamente, de una cuestión que debe ser profundizada por completo, también para evitar que se convierta en una fácil escapatoria que se transforme en un “divorcio enmascarado”


Sin embargo, lo más curioso es que aquellos que se plantean el problema de la validez de tantos matrimonios celebrados en la Iglesia, no piensen en preguntarse también cómo tantas parejas son tan inconscientes del sacramento que celebran. Aquellos obispos y cardenales que tanto ironizan sobre la presunta rigidez de la Congregación para la Doctrina de la Fe deberían preguntarse qué hacen en sus diócesis para evitar que haya tantos matrimonios potencialmente nulos. Pensemos en Italia: para casarse por Iglesia es obligatorio asistir a un curso de preparación para las parejas. Si son tantos aquellos que, incluso frecuentado estos cursos, llegan inconscientes al altar, ¿no será que hay algo que no funciona en quien está llamado a explicar y testimoniar la fascinación de un matrimonio vivido cristianamente? ¿Hay cursos para novios donde al menos se haga intuir que el sacramento es algo serio y que no se reduce a un genérico “quererse mucho y soportarse con paciencia”? En este sentido, luchar por dar la comunión a los divorciados en nueva unión se convierte en un modo no ya de ofrecer misericordia, sino de librarse de las propias responsabilidades, moviendo el objeto de la discusión.


Hay luego otro aspecto fastidioso de este debate: en vista del Sínodo sobre la familia en realidad se discute sólo de comunión a los divorciados en nueva unión, como si la crisis de la familia y los ataques a los que está sometida se redujeran a este problema que – teniendo en cuenta quien frecuenta las iglesias – es, a fin de cuentas, marginal desde el punto de vista cuantitativo (¿cuántos son, efectivamente, los divorciados en nueva unión que piden la comunión?). Y sobre todo concierne a las Iglesias de los países occidentales y de larga tradición. Otros son los problemas que se encuentran en las Iglesias africanas y asiáticas y, más en general, en las Iglesias jóvenes, respecto a la familia: el rol de la mujer, las costumbres tribales, los matrimonios concertados, la promiscuidad sexual, por dar algunos ejemplos. Frente a un mundo pagano, como era por otro lado en el tiempo de los apóstoles, la Iglesia siempre ha seguido la ley de Dios, convirtiendo poco a poco el mundo a su alrededor. Si se aprobase el criterio de que es necesario “acomodarse” al mundo, y se hiciese pasar esto por misericordia, las consecuencias serían devastadoras, también en las Iglesias jóvenes: ¿por qué entonces, por dar sólo uno de los miles de ejemplos posibles, no tener “misericordia” con quien practica la iniciación sexual de las niñas, dado que en ciertos lugares es la regla general?


Una última cuestión hace surgir el cardenal Maradiaga: siempre refiriéndose a las tantas situaciones familiares irregulares, afirma que se necesita “más pastoral que doctrina”, proponiendo así nuevamente un dualismo incomprensible. En realidad esto se ha convertido en el estribillo desde que ha sido elegido Papa Francisco: “Ahora basta de doctrina, pensemos en la pastoral”, dando por descontado que los Papas precedentes han quitado importancia a la pastoral y no han hecho más que pegar golpes de doctrina. Lo que es absolutamente falso, y sobre todo es falsa esta contraposición.


Dejando de lado el hecho de que también la Misericordia forma parte de la doctrina, no puede existir una pastoral que no tenga contenidos doctrinales, sean los que sean. Por volver a un ejemplo precedente, si en la parroquia se organiza un curso para novios es necesario tener también en claro el camino que se quiere hacer. Ciertamente las personas deben ser acogidas en la situación en que se encuentran, hay un camino por hacer y es necesario respetar los tiempos y el camino de cada uno; pero el objetivo hacia el cual caminar debe ser claro para quien guía, y no puede no ser la Verdad toda entera, de otra manera sucede lo que está a nuestros ojos y que está en el origen de tantos problemas: parejas que se casan por Iglesia sin tener la mínima idea de qué significa. Pero más en general la consecuencia es aquel triste espectáculo que movió a compasión también a Jesús, “porque estaban como ovejas sin pastor”.


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Fuente: La Bussola Quotidiana


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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sábado, 18 de enero de 2014

Card. Koch: “Ha llegado la hora de reencontrarnos en el mismo altar”

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Al comienzo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, presentamos nuestra traducción de una entrevista al Cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, sobre la perspectiva del ecumenismo en el pontificado de Francisco.


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El Papa Francisco ha sido la gran “novedad” del 2013. Y “desde el punto de vista ecuménico, su pontificado ha comenzado de inmediato muy bien. En la fiesta de inauguración estaban presentes todos los representantes de las Iglesias. Estaba también el Patriarca ecuménico de Constantinopla y era la primera vez en la historia que un Patriarca estaba presente en la inauguración de un nuevo pontificado”. Por lo tanto, cuenta el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el balance ecuménico de este año – gracias también a Francisco – conquista un vistoso signo “más”. “Desde el punto de vista del contenido – añade enseguida el cardenal-, creo que hay una gran continuidad entre Benedicto XVI y Francisco porque a ambos les importa mucho el ecumenismo”.

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A propósito de contenidos, en la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, el Papa Francisco toca puntos muy importantes como la colegialidad y el primado del Pontífice. ¿Cómo han sido recibidas estas aperturas?


Las reacciones a la Exhortación Apostólica que he recibido de los representantes de otras Iglesias son bellísimas. Han quedado muy impresionados, apreciando sobre todo el hecho de que esta Exhortación expresa una visión común. En el parágrafo dedicado al diálogo ecuménico, se advierte cómo los católicos pueden aprender de otras Iglesias. El Santo Padre cita como ejemplo de sinodalidad a la Iglesia ortodoxa. Y en mi reciente visita, el Patriarca de Moscú ha mencionado precisamente este punto.

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Cincuenta años atrás, el abrazo entre Pablo VI y el Patriarca Atenágoras. Parecía el comienzo de una historia nueva. ¿Qué ha sucedido luego?


Ha sido un gran evento: los líderes de la Iglesia ortodoxa y de la Iglesia católica se encontraban en Jerusalén después de de mil años de separación. Este encuentro provocó otro gran evento, que fue el fin de las excomuniones realizado conjuntamente por las dos Iglesias, en 1965, en la catedral del Fanar en Constantinopla y en la Basílica de San Pedro en Roma. Terminó así la era de la excomunión y se abrió la era de la comunión. En este sentido, el encuentro de Jerusalén marcó el inicio del diálogo de la caridad y de la verdad.

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Para conmemorarlo, el 25 de mayo, el Papa y el Patriarca Bartolomé se han dado cita en Jerusalén. ¿Qué se espera de este encuentro?


Es, en primer lugar, un acto de conmemoración de estos 50 años y espero que este encuentro pueda hacer reencontrar la pasión por la unidad que estaba presente en los tiempos de Pablo VI y Atenágoras. Si leo hoy los textos recogidos en el Tomos Agapis, emerge la pasión por la unidad. Atenágoras dice: “La hora ha llegado”. La hora de reencontrarnos en el mismo altar. Me parece que esta pasión por reencontrar la comunión eclesial y eucarística debe ser profundizada y revitalizada.

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¿Habrá una declaración común?


Cuál será el contenido de la declaración es algo que el Papa Francisco y el Patriarca deben todavía ver para saber qué decir en común a la Iglesia y al mundo. Este encuentro quiere ser un paso en el camino a realizar hacia el futuro.

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Usted se ha encontrado con el Patriarca Kirill. ¿Han hablado de un eventual encuentro con el Papa?


Sí, hemos hablado de un eventual encuentro entre el Santo Padre y el Patriarca de Moscú, pero el metropolita Hilarion siempre ha subrayado que la preparación es mucho más importante que la fecha, ya que sería la primera vez en la historia de las relaciones entre Moscú y Roma que un Patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa y un Papa de Roma se encuentran. Por lo tanto, es necesario preparar bien qué quieren hacer y decir, y esto forma parte de una fase preparatoria.

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Moscú, Constantinopla, Roma. Yo soy de Pablo, yo soy de Pedro. El tema de la inminente Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (18-25 de enero) es “¿Acaso Cristo ha sido dividido?”. ¿Qué paso adelante se pide a cada una de las Iglesias?


Pienso que es necesario tomar en serio la conciencia de que Cristo no puede estar dividido. El fundamento de todo el compromiso ecuménico es la oración sacerdotal de Jesús que dice que la unidad entre los discípulos de Cristo es la voluntad del Señor y todos nosotros que venimos de Pablo, Pedro y Andrés, tenemos la tarea y la responsabilidad de escuchar la voluntad de Jesús y de reencontrar esta unidad. Pablo, Pedro y Andrés eran seguramente personas diversas, con carismas diversos, pero todos eran amigos de Cristo.

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¿No le parece paradójico que precisamente el primado del Papa sea piedra de división?


Ya Pablo VI dijo que el primado es el obstáculo más profundo del ecumenismo. Pero esto es sólo un lado de la cuestión: el otro es que el primado es una gran oportunidad para el ecumenismo. Tomemos como ejemplo los tres encuentros de Asís que han convocado Juan Pablo II y Benedicto XVI: ¿quién podía invitar a todas las Iglesias, y a las otras religiones, sino el Papa de Roma? Juan Pablo II escribió en el libro “Cruzando el umbral de la esperanza” que el ministerio de Pedro es un ministerio de unidad y tiene un sentido profundo para el ecumenismo. Todos los Papas después del Concilio Vaticano II, desde Pablo VI hasta Francisco, son Papas ecuménicos que quieren la unidad y, en este sentido, su primado no sólo no es un obstáculo sino que es también un gran puente para el ecumenismo.

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Fuente:
Agencia SIR


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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domingo, 12 de enero de 2014

El primer Consistorio de Francisco: una mirada a los nuevos cardenales

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Presentamos nuestra traducción de este interesante análisis de Andrea Gagliarducci, publicado en Korazym, sobre los cardenales elegidos por Francisco para su primer Consistorio, que se celebrará el próximo 22 de febrero, y en el cual se ponen de manifiesto opciones claras y también novedosas del actual Pontífice.

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Atención a África y Asia, privilegiando la elección de auténticos outsider. Asombra que falte entre el rojo de los nuevos cardenales el arzobispo de Kampala, así como el de Bangkok. Sorprende que el secretario general del Sínodo siga en la lista al Secretario de Estado, señalando el impulso que el Papa quiere dar a la sinodalidad. Asombra la presencia de cardenales provenientes de Burkina Faso y de Nicaragua. El Papa Francisco ha dado muchas sorpresas, privilegiando el aspecto pastoral sobre el de gobierno. Y de la Curia ha promovido a la púrpura sólo a cuatro personas, y a tres de ellos les corresponde por oficio. Están lejos los tiempos en que convertirse en jefe de dicasterio significaba obtener el birrete rojo. Los colaboradores del Papa, en la visión de Francisco, deben estar en las periferias. Porque es “desde allí donde mejor se mira el mundo”.


La Curia


El que inicia la lista de los nuevos cardenales es Pietro Parolin. Nombrado Secretario de Estado por el Papa Francisco, el sucesor del cardenal Bertone es una figura conocida en la Secretaría de Estado, donde ha servido por varios años, hasta convertirse en el “vice-ministro de Asuntos Exteriores” vaticano. Joven (tiene sólo 58 años), originario de Schiavon, provincia de Vicenza, ha comenzado la carrera diplomática casi por casualidad, cuando alguien del Colegio Teutónico, donde residía en Roma, pidió a la diócesis de Vicenza “prestar” al joven al servicio de la Santa Sede, en lugar de hacerlo volver a casa para ocuparse del tribunal eclesiástico. Parece que Parolin nunca supo quién fue su “patrocinador”. Eran tiempos en los que se entraba al servicio de la Santa Sede por “cooptación”, había una selección precisa de los candidatos (a menudo desconocida por ellos), y se analizaba a fondo su comportamiento fuera del contexto eclesiástico. Pero en un cierto punto se comprendía quien había cooptado a quien. En el caso de Parolin, se ha dicho que ha sido el cardenal Agostino Casaroli (entonces Secretario de Estado) por indicación del entonces monseñor Achille Silvestrini (hoy cardenal) quien eligió a Pietro Parolin. El cual, con la discreción que lo caracteriza, hizo saber que nunca conoció los nombres de sus patrocinadores. Presta servicio en Nigeria por tres años (donde se ocupa de la relación con los musulmanes), luego en México, y luego una larga temporada en la Secretaría de Estado, antes de ser enviado en el 2009 como nuncio a Venezuela, para gestionar las difíciles relaciones con el presidente Chávez. Reservado y gentil, ha gestionado en primera persona los asuntos de Vietnam y de China. En el primer caso, se está yendo hacia adelante con bastante rapidez. En el segundo caso, la partida de Parolin había creado un vacío en las relaciones en las que ha tenido influencia también la difícil situación china. Ahora que ha vuelto a Roma, se ocupará sobre todo de diplomacia. Siempre ha concebido el servicio a la diplomacia como una parte de su vocación sacerdotal. Pero tiene el aspecto y la delicadeza del diplomático. Y dicen que irá a vivir en el Palacio Apostólico, apenas Bertone tome posesión de su nuevo apartamento en Palazzo San Carlo. Porque el apartamento del oficio le garantiza una reserva y una autoridad que no tendría en la Casa Santa Marta, donde, entre otros, está también el Papa. Pero está todo por verse.


Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha sido el gran ausente del cónclave del 2013 y uno de los “huérfanos” de Benedicto XVI, de quien ha heredado también el histórico apartamento en Piazza della Cittá Leonina y de cuya Opera Omnia está a cargo. Pero con el Papa Francisco ha establecido de inmediato una óptima relación, no dejando de hacerle notar las imprecisiones en los discursos, y también hospedándolo en su casa a almorzar. Ahora Gerhard Ludwig Müller recibe el birrete rojo de cardenal, y adquiere todavía mayor autoridad dentro de la Curia Romana. Su llegada había sido atacada por una serie de “leaks” que contestaban su ortodoxia y su amistad con Gustavo Gutiérrez, el inventor de la teología de la liberación, de quien ha sido huésped varias veces en Perú. Gutiérrez ha estado también con el Papa Francisco; de él ha sido publicado nuevamente en italiano el libro que escribió con el mismo Müller. El prefecto está siguiendo la línea de Joseph Ratzinger cuando estaba a la cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Es decir, la línea de no demonizar la teología de la liberación, de apreciar su opción preferencial por los pobres, de dejar de lado la ideología marxista, que precisamente Gutiérrez y Boff llevaron a Sudamérica después de haber estudiado en Europa. Pero Müller, pensador finísimo, conoce los riesgos que se corren cuando el pensar político se mezcla con el pensar espiritual, ha ayudado también a Gutiérrez a depurar su teología de los excesos marxistas, y sobre todo es un fiel guardián de la ortodoxia católica. Una figura de referencia, una columna para el Papa Francisco, que puede también permitirse no ser tan exacto. Para Müller el problema es, sobre todo, el de la crisis del sacerdocio. Por eso ha pedido presentar el libro de Benedicto XVI sobre el sacerdocio, “Servidores de vuestra alegría”, en todas las catedrales de Italia, tal vez en presencia de los seminaristas. El Papa ha dado su bendición. Sabe que sin una conciencia pastoral la Iglesia no puede ir hacia adelante.


La misma conciencia pastoral de Beniamino Stella, nueva púrpura que el Papa ha llamado a la guía de la Congregación para el Clero. Diplomático con experiencia en Sudamérica, como presidente de la Academia Eclesiástica, Stella se había empeñado mucho en una formación espiritual de los nuevos candidatos que ingresaban a las filas de la diplomacia. “Ha transformado la escuela diplomática en un seminario”, se hablaba maliciosamente, sin comprender que era también la línea diplomática dada por Benedicto XVI. Porque el diplomático es, ante todo, servidor de la verdad, y por lo tanto, primero que nada, un sacerdote. No era casualidad que la línea estuviera dictada desde el primer mensaje para la Jornada Mundial de la Paz con el sello de Benedicto XVI: “En la verdad, la paz”. En Sudamérica, donde había servido como nuncio, lo llamaban “Beniamino corazón”. La experiencia más importante ha sido en Cuba, de 1993 al 1999. Era el período de los viajes de Roger Etchegaray, que todavía conserva en su sala un pesebre regalado por Fidel Castro. Era el período de la preparación del histórico viaje de Juan Pablo II a Cuba. Y luego, la nunciatura en Colombia, uno de los lugares más importantes de América Latina, con cincuenta diócesis y una Iglesia viva y comprometida en el proceso de paz.


Lorenzo Baldisseri, a quien Papa Francisco ha nombrado Secretario General del Sínodo, era ya “cardenal a medias”, porque Bergoglio, elegido Papa, le había impuesto su birrete rojo, como resto de una antigua tradición según la cual el secretario del Cónclave era premiado con el cardenalato. Toscano, diplomático que ha estado en varias nunciaturas, y sobre todo un apasionado de la música. Voz talentosa, comienza a tocar el piano en la adolescencia, ingresa en el conservatorio, y luego comienza a ser diplomático. Pero diplomacia y música, en el fondo, van a la par. ¿Por qué, de otra manera, se hablaría de “concierto de las naciones” para hablar de las relaciones diplomáticas entre los Estados? ¿Por qué sería definida “giros de vals” la diplomacia “bailarina” de algunas naciones? ¿Y por qué, cuando se va en la misma dirección, se dice que se está de acuerdo? [El autor juega aquí con la palabra italiana “accordo”, que significa tanto “acorde” como “acuerdo”]. Y “acuerdo” se llama el resultado más importante de la carrera diplomática de Lorenzo Baldisseri, el “concordato” (no llamado así porque en Brasil evoca un procedimiento jurídico del contexto del procedimiento de quiebra), que reglamenta el estatuto jurídico de la Iglesia católica, y que sirve de modelo para todas las otras religiones. Un trabajo minucioso el que ha hecho Baldisseri que, en la redacción del acuerdo, ha tenido que tratar con diversas sensibilidades, integrando las exigencias de 11 ministerios diversos de la inmensa administración del Brasil. Ahora está llamado a llevar adelante una reforma del Sínodo de los Obispos, que el Papa Francisco parece querer transformar en un órgano de discusión permanente, una suerte de motor de pensamiento de la Iglesia. La primera etapa es el sínodo extraordinario del próximo mes de octubre. Será relator general el cardenal Peter Erdo, un fino canonista, y secretario el obispo Bruno Forte, famoso teólogo: dos personas llamadas a dar orden a una discusión que será particularmente encendida.


Asia


Se convierte en cardenal también Andrew Yeom Soo Jung, arzobispo de Seúl, en Corea del Sur. La atención por Corea por parte de la Santa Sede es vivísima. Una nación cristiana gracias a misioneros laicos provenientes de China, muy activa en el frente de la relación entre las dos Coreas (hay sólo un misionero católico que logra una vez al año cruzar el paralelo 32), Corea del Sur es una suerte de puesto de avanzada de la Iglesia católica en Asia. Tan importante que ha sido Pietro Parolin en persona a tomar parte en las celebraciones en el 30° aniversario de la apertura de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Yeom es un obispo que conoce la comunicación, y ha sido presidente de la Peace Broadcasting Corporation, una televisión y radio católica surcoreana fundada en 1990 y muy difundida en la nación. Proveniente de una familia que ha mantenido su credo religioso por generaciones, a pesar de las persecuciones, era casi descontado para Yeom, perteneciente a la quinta generación de creyentes, convertirse en sacerdote, un camino que han seguido sus dos hermanos menores. Graduado en la Universidad Católica de Corea en 1970, Yeom tiene también un master en Educación y Psicología. Varios han sido sus oficios, entre los cuales el de Rector del Seminario mayor y canciller de la Curia Diocesana. Obispo auxiliar de Seúl y titular de Thibuica desde el 2001, se convierte en arzobispo de Seúl en el 2012. Cuando tomó posesión como arzobispo dijo: “Tenemos necesidad de mantener la dignidad de la vida humana en una sociedad que toma la vida a la ligera. La diócesis combatirá por esto”.


Pero la verdadera sorpresa es el segundo cardenal proveniente de las Filipinas. Se trata de Orlando Quevedo, arzobispo de Cotabato, oblato de María Inmaculada (ha entrado en la Orden en Washington), y se ha licenciado en pedagogía en la Universidad Santo Tomás de Manila. Sacerdote desde 1964, es obispo desde 1998. Figura distinguida del episcopado filipino, de él hay lecciones sobre cómo “pensar con la Iglesia”. Entre los problemas del episcopado ha identificado el clericalismo. Es un pastor con una fuerte formación personal.


América del Sur


En América del Sur, descontada la púrpura a Orani Tempesta, arzobispo de Río de Janeiro. Recientemente el Papa le ha hecho anunciar también el apoyo y la ayuda del Vaticano, que enviará 3,6 millones de euros para cubrir parte de las deudas de la Jornada Mundial de la Juventud. Una JMJ que ha sido un éxito, con 2 millones de jóvenes en la playa de Copacabana. Orani es conocido como “el obispo trabajador”, ha hecho mucho en las diócesis a las que ha sido enviado, acepta las invitaciones de todas las parroquias, va a las favelas. En Río ha prometido visitar una por una todas las parroquias, suscitando gran entusiasmo popular: ninguno lo había hecho nunca. Tiene una especialización en comunicación y es presidente de la Comisión para la Comunicación de la Conferencia de Obispos del Brasil.


Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires, ha sido llamado a suceder a Jorge Mario Bergoglio. El Papa Francisco ha querido llenar pronto el lugar que quedó vacante en la que llama “mi diócesis anterior”. Tal vez también para dar una señal al episcopado argentino, muy dividido por las oleadas de secularización. El cardenal Bergoglio, su decisionismo, su no querer contraponerse al mundo que cambia (la Argentina ha sido la case history sobre Doctrina Social en el Informe anual del año pasado), no vivía una vida tranquila entre las diócesis argentinas. Ahora, como cardenal, Poli deberá llevar adelante el “estado de misión permanente” en el que Bergoglio había puesto a su misma diócesis, y también las iniciativas del Bautismo como obra misionera, con tiendas para el bautismo que se levantaban dentro de la sociedad de Buenos Aires. Bergoglio lo ha elegido porque sabe que proseguirá en esta línea. Ir a las periferias: ésta es la clave de Poli en Buenos Aires.


En la lista de los nuevos birretes está también Ricardo Ezzatti, arzobispo de Santiago, en Chile. Una púrpura esperada desde hace tiempo, para un hombre que en Chile es amadísimo. Ezzatti, italiano de origen, salesiano, ha sido también árbitro en las series menores en Italia. Era el período en que estudiaba en la Universidad Salesiana, después de haberse convertido en salesiano precisamente en Chile en 1959, estudiando luego filosofía en la Universidad Católica de Valparaíso. Sacerdote desde 1970, ha sido superior general de los salesianos en Chile desde 1984 a 1991, y vicepresidente de la CONFERRE, la asociación que reagrupa a todas las comunidades de religiosos y religiosas en Chile. Desde 1991 a 1996 ha trabajado en la Santa Sede, en la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Un oficio que lo llevó a trabajar estrechamente con Francisco Javier Errázuriz, de quien ha tomado el testigo como Arzobispo de Santiago. Errázuriz es hoy uno de los consejeros más escuchados del Papa Francisco.


Por sorpresa hay un cardenal proveniente de Nicaragua. Es Leopoldo José Brenes Solórzano, arzobispo de Managua desde el 2005 y con un pasado de estudiante en la Pontificia Universidad Lateranense. Solórzano está entre aquellos que más han defendido a Benedicto XVI en la cuestión pedofilia, tomando posición clara en un momento en que la Iglesia de Nicaragua aún no la había tomado. En estos años, primero como obispo de Granada y luego de Managua, se dice que ha llevado a la Iglesia nicaragüense a un terreno de cordiales relaciones con Roma y ha favorecido una transición moderada a través de un gobierno pastoral y un diálogo constante con las instituciones.


Y hay también un cardenal proveniente de Haití, Chibly Langlois, un camino hecho todo en la isla devastada por el tsunami, es obispo de Les Cayes y presidente de la Conferencia Episcopal de Haití. Después del tsunami, ha estado en primera línea en la búsqueda de ayuda, llegada especialmente de los cercanos Estados Unidos.


Europa


Capítulo Europa. Benedicto XVI, en el 2012, había tenido dos consistorios, y en el segundo había dado púrpuras sólo fuera de Europa y a arzobispos residenciales: un modo de equilibrar un primer consistorio considerado “demasiado curial”. Lógico que el Papa haya procedido a opciones “de oficio”.


Vincent Gerard Nichols, arzobispo de Westminster, estaba en lista para una púrpura desde hace tiempo. Pero ha entrado también entre los miembros de la Congregación para los Obispos y es tomado en consideración por el Papa Francisco. Nichols ha sido también uno de los protagonistas de las tratativas que llevaron a la erección del Ordinariato anglicano en la Iglesia católica, y como primado de la Iglesia de Inglaterra ha ordenado a los primeros tres sacerdotes anglicanos que han pasado a la Iglesia Católica. Ha defendido a la Iglesia de Inglaterra de las acusaciones de los medios y ha apoyado también la “Big Society” del premier inglés David Cameron. Al respecto, Nichols ha dicho: “Nos da la experiencia de estar juntos en un lugar que cambia el modo de pensar. Entre sus primeros actos públicos ha habido una declaración sobre los abusos sexuales por parte de sacerdotes en Inglaterra. “Cada vez que hay un caso de abuso en la Iglesia católica es un escándalo”, dijo.


Gualtiero Bassetti es el primer arzobispo de Perugia en ser cardenal desde 1878, cuando Vincenzo Pecci fue elegido Papa con el nombre de León XIII. Obispo de Peruggia-Cittá della Pieve desde el 2009, su nombramiento como cardenal estaba en el aire desde que el Papa Francisco lo sumó a los miembros de la Congregación para los Obispos, sustituyendo allí, siendo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana, a su presidente, Angelo Bagnasco. Como arzobispo ha dado mucha atención a la pastoral familiar. Comentando la visita del Papa Francisco a Asís, en L’Osservatore Romano, había notado: “Hoy, como en el pasado, es fundamental huir de la mundanidad, porque el Señor, como ha exhortado varias veces el Papa Francisco, necesita pastores con olor a oveja y no peinadores de ovejas. Comienza por esta conciencia el anuncio del Evangelio en una sociedad que cada vez más tiende a premiar los derechos individuales en perjuicio de la familia”. Su nombramiento parece referir al “cardenalato ad personam”, es decir, el birrete rojo dado por el Papa en virtud de la confianza en el nuevo purpurado y no del lugar que éste ocupa.


África


África obtiene dos nuevos birretes rojos, y son dos sorpresas. Viene de Burkina Faso Philippe Nakellentuba Ouédraogo, arzobispo de Ouagadougou. También él un hombre de las periferias, miembro de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, pero con una trayectoria completamente africana, sin estudios en el exterior. Llevará visibilidad y prestigio a una Iglesia en dificultad. En el pasado mes de junio, la Conferencia Episcopal del país subrayó que “Burkina Faso tiene necesidad de justicia, reconciliación y paz. Los protagonistas de las tensiones sociales actuales deben evitar toda violencia y toda acción que puedan empeorar las tensiones y amenazar la dignidad de la persona humana y el bien común, llevando nuestra nación al caos”.


Y es una Iglesia en sufrimiento también la de Costa de Marfil, que ahora tendrá entre los miembros del Colegio Cardenalicio a Jean Pierre Kutwa, arzobispo de Abiyán desde el 2006. Biblista con doctorado en la Universidad Urbaniana de Roma, Kutwa guía una Iglesia en una nación que cuenta con el 35-40 por ciento de musulmanes, el 25-50 por ciento de seguidores de las religiones tradicionales, y un 20-30 por ciento de cristianos. Una mezcla de religiones y culturas en una nación entre Ghana y Liberia, con una situación explosiva. La guerra civil ha dividido la nación, los grupos rebeldes controlan el norte y las fuerzas del gobierno mantienen el control del sur. Un acuerdo para el cese del fuego se ha alcanzado pero la paz es frágil. La Iglesia, como siempre, aportará toda su contribución.


América del Norte


No hay ningún nuevo cardenal de los Estados Unidos. Pero, por otro lado, Canadá ha tenido el birrete rojo de Gerald Cyprien Lacroix, arzobispo del Quebec, que ha tomado el lugar del cardenal Marc Ouellet en el combate a la revolution tranquille que ha transformado el Canadá en un país fuertemente secularizado. Su biografía es similar a la de Ouellet, con experiencia en Sudamérica por el Instituto Secular Pío X (al que pertenece), donde ha estado de 1990 al 2000. Conjuga la experiencia de las Iglesias latinoamericanas con el conocimiento del mundo anglosajón, y está dotado de un fuerte sentido pastoral.

Cardenales no electores


Finalmente, el Papa Francisco ha creado tres cardenales no electores. Loris Capovilla es el primero de la lista, y no podía ser de otra manera, en el año en que Juan XXIII será canonizado. Él ha sido un fiel secretario de Juan XXIII, primero en el Patriarcado de Venecia y luego en Roma, cuando Angelo Giuseppe Roncalli fue elegido Papa. A los 98 años, su memoria es todavía lúcida, y el amor por Juan XXIII es testimoniado por las innumerables obras sobre el Papa de las que se ha encargado, incluidos los escritos del mismo Roncalli. Añadido al número de los periodistas desde 1950, perito conciliar desde la muerte de Juan XXIII hasta 1967, se convierte luego en arzobispo, primero en Chieti y luego en Loreto.


El Papa Francisco ha pensado también en Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo emérito de Pamplona, nacido en 1929, que ha presentado su renuncia en el año 2007.


Y por sorpresa habrá un cardenal de las Antillas: es Kelvin Edward Felix, arzobispo emérito de Castries (Santa Lucía), nacido en 1933, ex presidente de la Conferencia de las Iglesias del Caribe, presidente de la Conferencia Episcopal de las Antillas, y miembro del Pontificio Consejo para la Familia, del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y del Consejo sinodal para América.


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Fuente: Korazym


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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sábado, 4 de enero de 2014

Francisco simplifica y restringe el título honorífico de “monseñor”

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Presentamos esta noticia de Vatican Insider sobre la decisión del Papa Francisco respecto a la concesión del título honorífico de “monseñor”, luego de varios meses de interrupción de dicha práctica que el Papa Bergoglio había decidido poco después de su elección.

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Con un nuevo movimiento para reformar el clero y eliminar el carrerismo en la Iglesia católica, el Papa Francisco ha abolido la concesión del título honorífico de “Monseñor” para los sacerdotes seculares con una edad inferior a los 65 años. De ahora en más, el único título honorífico pontificio que será concedido a los sacerdotes seculares será el de Capellán de Su Santidad, título que será eventualmente concedido sólo a sacerdotes con más de 65 años de edad.


La Secretaría de Estado ha comunicado esta noticia a los Nuncios Apostólicos en todo el mundo y les ha pedido que informen a todos los obispos de los respectivos países. El Nuncio Apostólico en Gran Bretaña, el arzobispo Antonio Mennini, ha escrito, por ejemplo, a todos los obispos de Gran Bretaña informándoles de la decisión del Papa. Decisión que, por lo tanto, no sería retroactiva: aquellos que tienen el título de Monseñor no lo perderán.


Al tomar su decisión, el Papa se ha inspirado en las reformas introducidas por Pablo VI en 1968, tras el Concilio Vaticano II. Hasta entonces había 14 “grados” de Monseñor. Con Pablo VI han sido reducidos a tres: Protonotario Apostólico, Prelado de Honor de Su Santidad, y Capellán de Su Santidad. Tres reconocimientos que son concedidos por el Papa, por pedido de los obispos locales, a sacerdotes que han desarrollado un servicio particularmente precioso para la Iglesia. Muchos obispos, sin embargo, han tenido la tendencia a utilizar este título como un modo de premiar a los sacerdotes fieles a su persona. Con la decisión de Francisco, las cosas cambian.


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Fuente: Vatican Insider


Traduccion: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 3 de enero de 2014

Mons. Gänswein: “La reforma de Francisco es la herencia de Benedicto”

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Presentamos nuestra traducción de este artículo, publicado en el sitio Korazym, sobre algunas declaraciones del Arzobispo Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia y secretario de Benedicto XVI, sobre el pontificado del Papa Francisco y la herencia espiritual del Papa emérito.

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“El Papa Francisco no quiere reformar la fe sino a los fieles”. Quien lo dice, en una larga entrevista transmitida por la Bayerisches Fernsehen, la televisión bávara, es Georg Gänswein. El Prefecto de la Casa Pontificia y secretario del Papa emérito ha estado, en las últimas semanas, muy presente en los medios alemanes. Una manera de aclarar directamente en su patria muchos de los equívocos que nacen, sobre todo, de la prensa italiana y americana, sobre el pontificado del Papa Francisco.


El Arzobispo, que tiene un rol completamente inédito en el Vaticano y es el “puente” entre dos pontificados, en la entrevista a la televisión bávara, transmitida el 1º de enero, ha señalado cómo ve la necesidad de reforma de la Iglesia: “Existe la bella expresión Ecclesia semper reformanda est, que significa que la Iglesia debe reformarse siempre. No es algo que haya sucedido solo ayer, sino que es la experiencia que acompaña a la Iglesia desde que existe y que es puesta también en práctica. También un árbol sano puede tener ramas muertas que es necesario cortar: esto es normal. No es una experiencia que ha sido hecha ahora con el Papa Francisco, sino que también los Papas precedentes lo han hecho. El Papa Francisco ha dicho que, sobre algunos puntos, quiere un nuevo inicio o nuevos desarrollos. Estamos en espera de ver sobre qué puntos intervendrá y cómo. Pero no veo ninguna revolución, y no es una respuesta al hecho de que antes no se habría realizado nada de lo que había sido decidido por el Concilio Vaticano II. Ni siquiera con la mejor voluntad puedo pensar que la Iglesia se encuentra en una situación tan catastrófica que sea hora de volver a ponerla de pie”.


Gänswein explicó que el mensaje del Papa Francisco está en perfecta continuidad con lo que han dicho sus predecesores: “El Papa Francisco subraya a menudo que debemos salir de nosotros mismos. La Iglesia no debe vive sólo para sí misma. Es un mensaje que también el Papa Benedicto ha pronunciado siempre. Es claro que la Iglesia existe para los seres humanos y para la fe. El Papa Francisco no quiere reformar la fe sino a los fieles. Es una distinción importante. La sustancia de la fe es la misma, con él, con sus predecesores, y también después de él. Pero se trata de la importancia de que los fieles vivan verdaderamente la fe, y hay diversas formas para vivirla y que es necesario sostener. Allí donde hay formas equivocadas, es necesario ayudar a corregirlas”.


En los medios alemanes, en el mes de diciembre de 2013, ha salido también otra importante entrevista que el Prefecto de la Casa Pontificia ha concedido a la revista político-cultural Cicero. La revista alemana ofrecerá en el próximo número una entrevista al cardenal Marx sobre el Papa Francisco. Georg Gänswein en la entrevista, concedida a Alexander Kissler, periodista y escritor, habla también de la situación del obispo de Limburg y de algunos temas candentes en Alemania.


El Arzobispo aclaró algunos pasajes de la Evangelii Gaudium sobre la “conversión del papado” y la presencia femenina en la Iglesia: “La fuerza del Papa Francisco – dice Gänswein -, junto a su gestualidad, es seguramente su lenguaje con imágenes. Pero una imagen significativa no puede contener toda la realidad. Cuando se habla de reforzar la presencia femenina muchos piensan en la cuestión del sacerdocio. Pero no conozco ningún pronunciamiento del Papa Francisco que haga pensar que él desea cambios en este sentido, al igual que antes el Papa Benedicto”. Gänswein habla además de los tres conceptos que dominan la predicación del Papa Francisco: misericordia, pobreza y el Diablo. “Veo una formación de espiritualidad ignaciana clásica. El Papa Francisco es completamente jesuita. Él obra como un fiel hijo de San Ignacio de Loyola”.


Una cosa es clara para el Arzobispo alemán: el llamado a la desmundanización de la Iglesia ha sido el testamento espiritual de Benedicto, como se ve en el gran discurso de Friburgo del 2011.


“Cada uno – dice Gänswein – ha tratado de interpretarlo según los propios intereses. Yo invito cordialmente a releer atentamente el discurso de Benedicto en Friburgo. Es necesario reconocer sencillamente que Francisco realiza lo que Benedicto ha pedido”. Y luego, para el Prefecto, “la Iglesia pobre no debe ser mal entendida. La pobreza aquí no significa miseria. La Iglesia debe tener espacio para lo bello, lo grande, lo noble, porque indican a Dios. El Papa Francisco tiene un concepto espiritual, y no sociológico, de la pobreza, que viene de la pobreza de Cristo. Y ha sido también profundamente marcado por sus experiencias como Arzobispo de Buenos Aires durante la difícil crisis económica argentina”.


Inevitable la pregunta sobre las elecciones del Papa Francisco que podrán condicionar a los sucesores, como la de vivir en Santa Marta: “El Papa Francisco – responde don Georg – no se ha mudado al apartamento papal porque le parecía demasiado grande y distante. Ha sido una decisión personal. Sobre esto no tengo ningún comentario. El apartamento papal es más modesto que las habitaciones de muchos párrocos u obispos en Alemania. Pero creo que, de algún modo, esta decisión condicionará el futuro”.


No podía faltar una valoración del pontificado de Benedicto XVI: “A una edad avanzada, Benedicto ha recibido la tarea más difícil del mundo y una herencia no fácil. Ha dedicado todas sus fuerzas, sus capacidades, sus experiencias, toda su persona, al ministerio petrino. Si se piensa en los muchos viajes al exterior, los innumerables encuentros, su herencia espiritual, la obra Jesús de Nazaret, hay que reconocer que Benedicto se ha entregado hasta el final. Han sido ocho años no fáciles para el Papa Benedicto y ocho años buenos para la Iglesia y para los fieles”.


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Fuente: Korazym


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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lunes, 23 de diciembre de 2013

Habla el Prefecto de Doctrina de la Fe: “El particularismo, como el centralismo, es una herejía”

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Presentamos nuestra traducción de la entrevista publicada en el Corriere della Sera al Arzobispo Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de 66 años de edad, elegido el año pasado para ese oficio por el Papa Benedicto XVI y confirmado en el mismo por el Papa Francisco.


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Hijo de un obrero, por dieciséis años docente en la Universidad Ludwig-Maximilian de Munich de Baviera, Müller es el teólogo elegido por Ratzinger como encargado de la propia Opera Omnia y, al mismo tiempo, el amigo y “discípulo” de Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la Liberación. Así lo pintan como conservador o progresista, según el caso, “¡pero la esquizofrenia no es mía!”. Ciertamente tiene en claro su tarea: “El primer fin de la Congregación es promover la fe para la salvación del hombre, pero el segundo es defenderla”. Y no escapa a ninguna pregunta: desde los sacramentos a los divorciados en nueva unión hasta las nuevas “herejías”, incluyendo el “riesgo de particularismo” en la Iglesia: “Algunos interpretan la Evangelii Gaudium como si el Santo Padre quisiera favorecer una cierta autonomía de las iglesias locales, la tendencia a distanciarse de Roma. Pero esto no es posible. El particularismo, como el centralismo, es una herejía. Sería el primer paso hacia la autocefalía”.

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¿En qué sentido, Excelencia?


La Iglesia Católica está compuesta por iglesias locales pero es una. No existen iglesias “nacionales”, somos todos hijos de Dios. El Concilio Vaticano II explica en concreto la relación entre el Papa y los obispos, entre el primado de Pedro y la colegialidad. El Romano Pontífice y los obispos en forma individual son de derecho divino, instituidos por Jesucristo. También la colegialidad y la colaboración entre los obispos, cum Petro et sub Petro, tienen aquí su fundamento. Pero los patriarcados y las conferencias episcopales, históricamente y hoy, pertenecen sólo al derecho eclesiástico, humano. Los presidentes de las conferencias episcopales, aunque importantes, son coordinadores, nada más, ¡no son vice-papas! Cada obispo tiene una relación directa e inmediata con el Papa. No podemos tener una descentralización en las conferencias, existiría el peligro de un nuevo centralismo: con la presidencia que tiene todas las informaciones y los obispos inundados por documentos sin el tiempo de prepararse.

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¿Y qué quería decir Francisco cuando hablaba de “conversión del papado” y escribía que las conferencias deberían tener “alguna auténtica autoridad doctrinal”?


El Papa partía de la reflexión sobre el ejercicio del primado que Wojtyla hizo en el `95 con la Ut unum sint. El sentido es claro en la dimensión ecuménica y también respecto a la colegialidad. En cuanto a las conferencias, con ciertas condiciones, tienen una autoridad también magisterial: cuando, por ejemplo, preparan un catecismo local, se ocupan del misal, gobiernan universidades y facultades teológicas. Trabajan en la dimensión concreta, el Papa no puede saber todo lo que ocurre en cada país. Se trata de encontrar un equilibrio práctico. No podemos aceptar antiguos errores, como el conciliarismo, el galicanismo o lo opuesto a un cierto curialismo…

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El 2013 ha visto la renuncia de un Papa. ¿Ha cambiado algo en el papado?


Ciertamente la renuncia de Benedicto XVI ha sido sorprendente, un caso absolutamente nuevo: ha dicho que le faltaban las fuerzas para llevar a cabo esta gran tarea, tanto más pesada en el tiempo de la globalización de las informaciones. Ha decidido para que se pudiera elegir al nuevo Papa, y ahora Francisco es “el” Papa. Ratzinger es como un Padre de la Iglesia y su pensamiento permanecerá; Francisco se refiere a menudo también para subrayar la continuidad teológica. Pero solo una persona puede ser el Papa, no un colectivo. No hay dos. Es el fundamento y principio permanente de la unidad de la Iglesia. Elegido por los cardenales pero instituido por el Espíritu Santo.

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¿Y su rol ha cambiado? Francisco dice que la Iglesia “no es una aduana”…


Es cierto, ¡tampoco la Congregación lo es! El Papa tiene el carisma de expresarse no sólo con conceptos teológicos sino también a través de imágenes cercanas al corazón de la gente, que expresan la cercanía de Jesús a todos nosotros. Nosotros, los teólogos, corremos siempre el riesgo de cerrarnos en el mundo de la reflexión académica. Pero Francisco no va por otro lado: combina la ternura del pastor y la ortodoxia, que no es una teoría cualquiera, sino la recta doctrina expresada en la plenitud de la Revelación. El primer guardián de la fe es Pedro y su sucesor como Obispo de Roma. Y nosotros, en la Congregación, estamos en esto a su directo servicio.

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Sobre los divorciados y los vueltos a casar excluidos de los sacramentos, Hans Küng ha escrito: “El Papa quiere avanzar, el Prefecto de la Fe frena”.


Mire, en Maguncia tenemos una gran tradición del Carnaval… Yo estoy y estaré siempre con el Papa. La verdad es que no podemos aclarar estas situaciones con una declaración general. Sobre los divorciados y vueltos a casar civilmente, muchos piensan que el Papa o un Sínodo pueden decir: recibirán sin más la Comunión. Pero no es posible así. También la praxis ortodoxa de la “segunda unión” no es uniforme y los mismos ortodoxos la toleran sin favorecerla. Un matrimonio sacramental válido es indisoluble: esta es la praxis católica reafirmada por Papas y Concilios, en fidelidad a la Palabra de Jesús. Y la Iglesia no tiene la autoridad de relativizar la Palabra y los Mandamientos de Dios.

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Francisco ha dicho que los sacramentos no son para los “perfectos” y pueden ser una “ayuda”…


Ciertamente que el sacramento es una gracia, ¡no somos pelagianos! El Papa ha hecho referencia justamente a este aspecto medicinal. Pero hay condiciones objetivas. Una situación irregular en el matrimonio es un obstáculo objetivo para recibir la Eucaristía. No debe ser visto como un castigo: no lo es. Y no impide participar en la Misa.

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¿Y entonces no hay nada por hacer?


Las cosas no son así. Debemos buscar una combinación entre los principios generales y la situación particular, personal. Encontrar soluciones a los problemas individuales, pero siempre sobre el fundamento de la doctrina católica. No se puede adecuar la doctrina a las circunstancias: la Iglesia no es un partido político que hace encuestas para buscar consenso. Es necesario un diálogo concreto, pastoral. Hay situaciones diferentes que deben valorarse de manera diferente.

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¿La solución es la anulación del matrimonio?


Si se dan las condiciones para declararlo nulo, sí. Para esto tenemos los tribunales eclesiásticos…

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¿Pero es posible si tienen hijos?


Sí, no son los hijos los que hacen la validez sino el consenso entre cónyuges conscientes del sacramento. En muchos países hay sólo restos de la tradición cristiana, se ha perdido el sentido, hay una confusión total.

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¿Cuáles son hoy las nuevas herejías?


Los problemas se concentran en la antropología. Falta una conciencia de la dimensión trascedente del hombre, de su vocación divina. El sentido de la dignidad humana. Pienso en las nuevas esclavitudes, en los pobres, en el aprovechamiento de las mujeres, en los abusos no sólo sexuales sobre menores, en los enfermos vistos como un costo a eliminar, en la vida reducida a la funcionalidad productiva, en las condiciones de trabajo: una organización económica que tiende a destruir la vida de la familia con grave daño para la vida misma, los hijos…

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Habiendo fracasado las tratativas, ¿cuál es la posición de los lefebvristas?


A los obispos se les ha revocado la excomunión canónica por las ordenaciones ilícitas, pero permanece la sacramental, de facto, por el cisma: se han alejado de la comunión de la Iglesia. No cerramos la puerta, nunca, y los invitamos a reconciliarse. Pero también ellos deben cambiar de actitud, aceptar las condiciones de la Iglesia católica y el Sumo Pontífice como criterio definitivo de pertenencia.

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¿Qué puede decir del encuentro entre Francisco y Gutiérrez, el 11 de septiembre?


En las corrientes teológicas se dan momentos difíciles, se discute y se aclara. Pero Gutiérrez siempre ha sido ortodoxo. Nosotros, europeos, debemos superar la idea de ser el centro, sin tampoco subestimarnos. Ampliar los horizontes, encontrar un equilibrio: esto lo he aprendido de él. Para abrirme a una experiencia concreta: ver la pobreza y también la alegría de la gente. Un Papa latinoamericano ha sido un signo del Cielo. Gustavo estaba emocionado. También yo. Y también Francisco.

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Fuente: Corriere della Sera


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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martes, 17 de diciembre de 2013

¡Felicidades, Santo Padre!

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En su 77º cumpleaños, damos gracias a Dios por la vida de nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, y le rogamos, por intercesión de la Virgen Madre, que siga acompañando y protegiendo al Papa que nos ha dado para que pueda guiar a la Iglesia, como Sucesor de Pedro, presidiéndola en el amor.


¡Felicidades, Santo Padre!

martes, 29 de octubre de 2013

Crisis de la vida religiosa: Mons. Rodríguez Carballo la asume y explica

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Francesco João Braz de Aviz Jose Rodriguez Carballo  Oct-05-2013

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En este lúcido y fundamentado artículo, publicado hoy en L’Osservatore Romano, que ahora ofrecemos en nuestra traducción al español, el Arzobispo José Rodríguez Carballo, Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, hace referencia a la actual crisis de la vida religiosa y consagrada, y sus verdaderas causas.

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Desde hace tiempo se habla de “crisis” en la y de la vida religiosa y consagrada. Y para justificar este diagnóstico frecuentemente se recurre al número de los abandonos, que agudiza la ya de por sí alarmante disminución de vocaciones que golpea a un gran número de institutos y que, si continúa así, pone en serio peligro la supervivencia de algunos de ellos. No entro aquí en el debate acerca del carácter positivo o no de la “crisis” de la que se habla. Es cierto, sin embargo, que, teniendo en cuenta el número de los abandonos y que la mayoría de ellos tiene lugar en edad relativamente joven, dicho fenómeno es preocupante. Por otra parte, considerando el hecho de que la hemorragia continúa y no parece detenerse, los abandonos son ciertamente síntoma de una crisis más amplia en la vida religiosa y consagrada, y la cuestionan, por lo menos en la forma concreta en que es vivida.


Por todo esto, si bien es cierto que no podemos dejarnos obsesionar por el tema – toda obsesión es negativa-, es también cierto que frente al problema no podemos “mirar para otro lado” o “esconder la cabeza”. Por otra parte, si bien es cierto, también, que son muchos los factores socioculturales que influyen en el fenómeno de los abandonos, es también cierto que no son la única causa y que no podemos referirnos sólo a ellos para tranquilizarnos y para explicar este fenómeno, hasta ver como “normal” lo que no lo es.


No es fácil conocer con precisión el número de los que abandonan cada año la vida religiosa y consagrada, también porque hay prácticas que van a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, otras que son llevadas por la Congregación para el Clero, y otras que terminan en la Congregación para la Doctrina de la Fe. En todo caso, las cifras de las que disponemos son consistentes, como se puede ver por los datos que nos son ofrecidos por las primeras dos Congregaciones.


Nuestro dicasterio, en cinco años (2008-2012), ha dado 11.805 dispensas: indultos para dejar el instituto, decretos de dimisión, secularizaciones ad experimentum y secularizaciones para incardinarse en una diócesis. Se trata de una media anual de 2361 dispensas.


La Congregación para el Clero, en los mismos años, ha dado 1188 dispensas de las obligaciones sacerdotes y 130 dispensas de las obligaciones del diaconado. Son todos religiosos: esto da una media anual de 367,7. Sumando estos datos con los otros, tenemos lo que sigue: han dejado la vida religiosa 13.123 religiosos o religiosas, en 5 años, con una media anual de 2624,6. Esto quiere decir 2,54 cada 1000 religiosos. A estos habría que agregar todos los casos tratados por la Congregación para la Doctrina de la Fe.


Según un cálculo aproximado pero bastante seguro, esto quiere decir que más de 3000 religiosos o religiosas han dejado cada año la vida consagrada. En el cómputo no han sido insertados los miembros de las sociedades de vida apostólica que han abandonado su congregación, ni los de votos temporales.


Ciertamente los números no son todo, pero sería de ingenuos no tenerlos en cuenta.


Antes de indicar algunas de las causas de los abandonos, creo que es oportuno decir que es casi imposible relevar con exactitud tales causas. ¿El motivo? Es muy sencillo: no tenemos datos totalmente confiables. A veces, una cosa es lo que se escribe, otra cosa es lo que se vive. Además, en muchos casos lo que dicen los documentos, de los que se dispone al final de un procedimiento, no necesariamente coincide con la causa real de los abandonos. Sin embargo, de la documentación que posee nuestro dicasterio se pueden identificar las siguientes causas.


Ausencia de la vida espiritual – oración personal, oración comunitaria, vida sacramental ­ -, que conduce, muchas veces, a apuntar exclusivamente a las actividades de apostolado, para así poder seguir adelante o para encontrar subterfugios. Muy a menudo esta falta de vida espiritual desemboca en una profunda crisis de fe, para muchos la más profunda crisis de la vida religiosa y consagrada y de la misma vida de la Iglesia. Esto hace que los votos ya no tengan sentido – en general, antes del abandono hay graves y continuas culpas contra ellos – y ni siquiera la misma vida consagrada. En estos casos, obviamente, el abandono y la salida “normal” es más lógica.


Pérdida del sentido de pertenencia a la comunidad, al instituto y, en algunos casos, a la misma Iglesia. En el origen de muchos abandonos hay una desafección a la vida comunitaria que se manifiesta: en la crítica sistemática a los miembros de la propia comunidad o del instituto, particularmente a la autoridad, que produce una gran insatisfacción; en la escasa participación en los momentos comunitarios o en las iniciativas de la comunidad, a causa de una falta de equilibrio entre las exigencias de la vida comunitaria y las exigencias del individuo y del apostolado que lleva a cabo; en buscar fuera lo que no se encuentra en casa…


Los problemas más comunes en la vida fraterna en comunidad, según la documentación a nuestra disposición, son: problemas de relación interpersonal, incomprensiones, falta de diálogo y de auténtica comunicación, incapacidad psíquica de vivir las exigencias de vida fraterna en comunidad, incapacidad de resolver los conflictos…


En lo que respecta a la pérdida de sentido de pertenencia a la Iglesia, a veces es dada por la falta de verdadera comunión con ella y se manifiesta, entre otras cosas, en el no compartir la enseñanza de la Iglesia sobre temas específicos como el sacerdocio a las mujeres y la moral sexual.


Todo esto termina con la pérdida del sentido de pertenencia a la institución, llámese comunidad local, instituto religiosa o Iglesia, que es considerada sólo en cuanto puede servir los propios intereses: por ejemplo, la casa religiosa, muchas veces, es considerada como “hotel” o una simple “residencia”. La falta de sentido de pertenencia lleva, a menudo, también a abandonar físicamente la comunidad, sin ningún permiso.


Siempre me ha impresionado ver religiosos que abandonan la vida religiosa o consagrada con toda naturalidad, incluso después de muchos años, sin que esto suponga ningún drama. Es claro que no dejan nada, porque su corazón estaba en otra parte.


Problemas afectivos. Aquí la problemática es muy amplia: va desde el enamoramiento, que se concluye con el matrimonio, a la violación del voto de castidad, sea con repetidos actos de homosexualidad – más en los hombres, pero igualmente presente, más de lo que se piensa, entre las mujeres -, sea con relaciones heterosexuales, más o menos frecuentes. Otras veces los problemas afectivos tienen una clara repercusión en la vida fraterna en comunidad, porque conciernen al mundo de las relaciones, provocando continuos conflictos que terminan por hacer invivible la comunidad. Finalmente, los problemas afectivos pueden ser tales que se llegue a la convicción de no poder vivir la castidad y se decide, también por motivos de coherencia, abandonar la vida consagrada.


Cuando se trata de identificar las causas o de proponer orientaciones, pienso que es necesario hacer una radiografía, aunque breve y limitada, de la sociedad de la que provienen nuestros jóvenes, los jóvenes que se dirigen a nosotros, así como las fraternidades que los acogen.


Lo primero evidente a todos es que estamos en un mundo en profunda transformación. Se trata de un cambio que trae consigo el paso de la modernidad a la post-modernidad. Vivimos en un tiempo caracterizado por cambios culturales imprevisibles: nuevas culturas y sub-culturas, nuevos símbolos, nuevos estilos de vida y nuevos valores. Todo ocurre a una velocidad vertiginosa.


Las certezas y los esquemas interpretativos globales y totalizantes que caracterizaban la era moderna han dejado lugar a la complejidad, a la pluralidad, a la contraposición de modelos de vida y a comportamientos éticos que se han mezclado entre ellos de modo desordenado y contradictorio: son todas características de la era moderna.


Mientras en la modernidad existía la plausibilidad de un proyecto global, de una idea matriz, de un “norte” como faro de comportamiento, el momento actual está caracterizado por la incerteza, por la duda, por el replegarse en lo cotidiano y en lo emocional. Así se vuelve difícil distinguir aquello que es esencial de lo que es secundario y accidental.


Esto produce en muchos: desorientación frente a una realidad que se presenta de tal modo compleja que no se puede percibir; incerteza a causa de la falta de certezas sobre las cuales anclar la propia vida; inseguridad por la falta de referencias seguras. Todo se une a una gran desilusión frente a las preguntas existenciales, consideradas inútiles, ya que todo es posible y lo que hoy es, mañana deja de ser.


Nuestro tiempo es también un tiempo de mercado. Todo es medido y valorado según la utilidad y la rentabilidad, también las personas. Estas, en términos de mercado, valen lo que producen y valen en cuanto son útiles. Su valor oscila, por lo tanto, en base a la demanda. Tal concepción mercantilista de la persona llega a privilegiar el hacer, la utilidad, e incluso la apariencia sobre el ser.


Vivimos, también, en un tiempo que podemos definir el tiempo del zapping. Zapping, literalmente, quiere decir: pasar de un canal a otro, sirviéndose del control remoto, sin detenerse en ninguno. Simbólicamente, zapping significa no asumir compromisos a largo plazo, pasar de un experimento a otro, sin hacer ninguna experiencia que marque la vida. En un mundo donde todo está facilitado, no hay lugar para el sacrificio, ni para la renuncia, ni para otros valores similares. En cambios, estos están presentes en la opción vocacional que exige, por lo tanto, ir contracorriente, como es la vocación a la vida consagrada.


Finalmente, es necesario señalar también que en el mundo en que vivimos, y en estrecha conexión con lo que hemos llamado “mentalidad de mercado”, está el dominio del neo-individualismo y la cultura del subjetivismo. El individuo es la medida de todo y todo es visto, medido y valorado en función de sí mismo y de la autorrealización. En un mundo así, en el que cada uno se siente único por excelencia, frecuentemente no existe una comunicación profunda. El hombre actual habla mucho, aparentemente es un gran comunicador, pero en realidad no logra comunicar en profundidad y, en consecuencia, no lograr encontrarse con el otro.


Como conclusión de nuestra reflexión nos planteamos la pregunta: en una sociedad como la nuestra, ¿es posible permaneces fieles a una opción de vida que está llamada a ser definitiva e irrevocable?


La respuesta me parece sencilla si tenemos en cuenta a muchos consagrados que viven alegremente la fidelidad a los compromisos asumidos en su profesión. De todos modos, para prevenir los abandonos, sin la ilusión de poder evitarlos totalmente, creo necesario lo que sigue.


Que la vida consagrada y religiosa ponga en el centro una renovada experiencia del Dios uno y trino y considere esta experiencia como su estructura fundamental. Lo esencial de la vida consagrada y religiosa es quaerere Deum, buscar a Dios, vivir en Dios.


Que la opción por el Dios viviente (cfr. Juan 20, 17) no se viva en el encerrarse en un misticismo separado de todo y de todos, sino que lleve a los consagrados a participar en el dinamismo trinitario ad intra y ad extra. La participación en el dinamismo trinitario ad intra supone relación de comunión con los otros y lleva consigo el don de sí mismo a los demás. Por otra parte, vivir el dinamismo trinitario ad extra implica vivir críticamente y proféticamente en el seno de la sociedad.


Que haya una decisión clara de anteponer la calidad evangélica de vida al número de miembros o al mantenimiento de las obras.


Que en la cura pastoral de las vocaciones se presente la vida consagrada y religiosa en toda su radicalidad evangélica y se haga un discernimiento en consonancia con dichas exigencias.


Que durante la formación inicial se asegure un acompañamiento personalizado y no se hagan “descuentos” en las exigencias de una vida consagrada que sea evangélicamente significativa.


Que entre la pastoral vocacional, formación inicial y permanente, haya continuidad y coherencia.


Que durante los primeros años de profesión solemne se asegure un adecuado acompañamiento personalizado.


Un bello proverbio oriental dice: “El ojo ve sólo la arena, pero el corazón iluminado puede entrever el fin del desierto y la tierra fértil”. Miremos con el corazón. Tal vez podremos ver aquello que otros no ven.


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Fuente:
L’Osservatore Romano


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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viernes, 11 de octubre de 2013

Mons. Gänswein: “Soy el puente entre los dos Papas, su diversidad es una riqueza para la Iglesia”

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En este artículo de Angela Ambrogetti, podemos conocer algunas recientes declaraciones del Arzobispo Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia y secretario privado del Papa Benedicto XVI, sobre la renuncia del Papa emérito y la relación entre el Papa Francisco y su Predecesor.

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Una vida al servicio de dos Papas. El de monseñor Georg Gänswein es realmente un rol insólito en la historia del papado. Prefecto de la Casa Pontificia para el Papa Francisco y secretario particular para el Papa Benedicto. Al mismo tiempo. Un desafío pero también un observatorio que le permite ayudarnos a leer el paso y la convivencia entre dos pontífices.


En los últimos meses, después de mucho discreto silencio, ha comenzado a contar un poco también de este mes de febrero del 2013 que ha marcado su historia y su vida. Al semanario alemán Bunte ha querido explicar que la renuncia de Benedicto no tiene nada que ver con vatileaks. “He tratado de hacerle cambiar de idea, sin lograrlo. Había tomado una decisión”. Un momento difícil de vivir el de aquel 28 de febrero: “me sentía como en una anestesia”, dice el arzobispo que, en septiembre, tomó posesión del título de Urbisaglia con una festiva celebración en el pueblo, y que ahora está preparado para explicar un poco sobre la relación entre los dos Papas.


“Mi rol – dice – es el de Prefecto de la Casa Pontificia, pero, por como se ha desarrollado la vida, la realidad es que hoy hay dos Papas, el Papa reinante y el Papa emérito. Vivo con el Papa emérito y trabajo con el Papa Francisco, estoy casi todos los días con los dos, de hecho soy un poco el puente entre ellos. Es normal. Es algo que ciertamente no he buscado, no se sabía que pudiera existir, pero ahora es así y lo veo como un compromiso, un desafío y también una gracia. Trataré de hacerlo bien porque no hay precedentes y debo encontrar la manera correcta, y este es un bello desafío”.


Dos personalidades diferentes la de Benedicto y la de Francisco pero, dice Gänswein, “la diversidad es también una riqueza. Pero a menudo, hasta ahora, la diversidad entre los dos Pontífices ha sido utilizada para crear una antítesis. Psicológicamente tal vez esto puede ser un primer acercamiento, pero no funciona. Y personalmente pienso que, si no hubiese estado la renuncia del Papa Benedicto, el impacto emotivo del Papa Francisco no habría sido posible de esta manera. Entre los dos hay una continuidad no sólo teológica, sino también un entendimiento humano. Se ve que viven su fe de modo auténtico, pero con expresiones diversas”.


¿Hay todavía mucho afecto en torno al Papa Benedicto? “Sí, mucho. Esto resulta también de las muchas, muchísimas cartas que llegan para Benedicto XVI, permanezco casi todas las noches hasta tarde clasificando y preparando el correo. Él tiene un gran interés por el correo personal y lo lee con atención y responde a menudo personalmente. El correo llega de todo el mundo. De Alemania, ciertamente, pero hay también muchos italianos, muchos de lengua francesa, española e inglesa que escriben a Benedicto. Muchas son cartas de agradecimiento, a menudo acompañadas con fotos, cuadros y otros pequeños regalos. Al comienzo algunos escribían realmente traumatizados por la noticia de la renuncia. Ahora llegan muchos agradecimientos o incluso cuentan cómo han vivido este `trauma´ y cómo lo han superado, y agradecen al Papa emérito, le demuestran su afecto. Con mucha serenidad aseguran oraciones por los dos Pontífices”.


Nos habituaremos a tener más Papas juntos en el Vaticano. ¿Prevé un nuevo ejercicio del ministerio petrino? “Entre el Papa Francisco y su Predecesor hay una simpatía espontánea, varias veces compartida visiblemente. Cuando he recibido al Papa Francisco a la vuelta del viaje a Brasil, me ha dicho: `He hablado mucho con los periodistas, también del Papa Benedicto, tal vez demasiado, ¡he hablado del abuelo sabio que tenemos en casa!´. La abuela del Papa Bergoglio era una persona clave para su vida y era como una brújula, y para él hablar así es un gran signo de estima y de afecto. No creo que el ejercicio del ministerio petrino haya cambiado porque en el Vaticano viva el Papa emérito, pero es evidente que con la renuncia de Benedicto se ha creado una cierta novedad sobre el ministerio petrino. Si ya no es posible para un Papa llevar a cabo su servicio, su misión, está la posibilidad, que por otro lado existe desde siempre, de renunciar. Se trata de una experiencia nueva para todos. Es un desafío tanto espiritual como teológico e histórico”.


¿Veremos a los dos Papas juntos en la canonización de Juan Pablo II? “No soy un profeta. No lo sé. Veremos”.


¿Cómo era la relación entre Juan Pablo II y Joseph Ratzinger, su amigo de confianza? “El pontificado de Juan Pablo II ha tenido en el cardenal Ratzinger su pilar teológico. En las cuestiones doctrinales Juan Pablo II ha confiado plenamente en Ratzinger. Hay muchísimas ejemplos concretos. Así ha crecido una confianza mutua y persiste una estima absoluta del Papa Benedicto. Al hablar de Juan Pablo II, lo definía sencillamente `el Papa´. Él ha tenido un largo pontificado de casi veinte años con plena fuerza y luego un período de sufrimiento, casi tan largo como el entero pontificado de Benedicto. Y Ratzinger no quería copiar. Personalidades diversas, sin embargo, con una sintonía interna increíble. Juan Pablo II es, probablemente, la persona que el Papa Benedicto más estima en el mundo”.


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Fuente: Korazym


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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